A propósito de la muerte de una paciente

Por: Ricardo Díaz Mayorga, Director de www.visionchamanica.com

El pasado sábado 24 de Febrero, durante un ritual de purga y sanación con yagé ofrecido por el médico tradicional Inga Ruber Garreta Chindoy, murió una paciente que estaba muy enferma y que tras agotar los canales médicos convencionales, sin encontrar alivio ni esperanza, aconsejada por un médico homeópata y acompañada por su hija acudió al ritual durante el cual se produjo su deceso.

En una mirada objetiva y desapasionada este hecho no habría tenido mayor trascendencia de la normal, la que tendría por ejemplo la muerte de una persona durante una intervención quirúrgica, o al cabo/o durante tratamientos y suministro de medicinas prescritos por médicos alópatas que no pudieran impedir un desenlace mortal (y sin mencionar las iatrogenias –muerte ocasionada por errores de diagnóstico o procedimientos equivocadas de los médicos–). Finalmente todos morimos y el arcano de la muerte se hace presente a veces de manera inexplicable, segando incluso vidas jóvenes de personas agredidas por patologías fulminantes, y que por debilidad o agotamiento resultan vencidas en esa lucha. Nada desconocido o extraño para el tiempo que vivimos.

Pero en este caso, se desencadenó un dispositivo contrainformativo de los medios de comunicación –radio, prensa, TV– en contra de un recurso de la medicina tradicional indígena del Putumayo, el yagé, brebaje purgante y medicinal que ha tenido de manera reciente –los últimos 10 a 20 años– una difusión impresionante, no solo en Bogotá la capital, sino en todo Colombia. Este brebaje es hoy en día repartido en muy diversos contextos, desde preparados y cuidadosos eventos, hasta improvisados encuentros, y no siempre por personas expertas y preparadas –los taitas indígenas mayores– sino por improvisados curanderos –charlatanes en muchos casos–, e incluso por profesionales citadinos formados en medicina occidental o psicología.

Dicha ofensiva mediática contra esta medicina indígena se ejemplifica en forma paradigmática en el editorial de hoy –Febrero 28 de 2008– del diario El Tiempo de el poderoso grupo económico-mediático Casa Editorial El Tiempo, “La rumba del yagé”, en el que de manera superficial se caricaturiza un recurso médico de la cultura indígena calificándolo como una “rumba”, planteando una tendenciosa y segregacionista interpretación de la multiculturalidad establecida por la Constitución de 1991 y desenfocando lo que debería ser un análisis realmente objetivo e informativo.

El despliegue de espacios radiales “informativos”, abriendo los micrófonos a la “opinión pública”, filtrando de forma interesada las intervenciones, para que esa misma opinión modelada y aconductada por el dispositivo mediático despotrique sobre algo que no conoce o especule desenterrando el terror y el odio contra los “brujos indios” sembrado en sus conciencias por las ideologías, creencias y prejuicios más oscurantistas y xenófobos. O las entrevistas a “especialistas” que de manera interesada y con un lenguaje en apariencia serio, cobran a los indios y a las medicinas alternativas el atrevimiento de apartarse de los saberes instituidos y de la “Ciencia Oficial”, pero realmente defendiendo el interés económico de la de la gran industria de la salud –EPS’s, clínicas, laboratorios, etc.– hoy día establecidos como negocios altamente rentables, o de la gran industria multinacional farmacéutica, que sienten amenazados sus rendimientos económicos por la irrupción de una medicina que no entienden pero que les está arrebatando clientela.

Afortunadamente ya hay bastantes personas, aquellos a los que no se permitió expresarse en los medios, que han probado esta medicina y que saben y les consta por propia experiencia el beneficio de la purga con el brebaje de yagé. Hay también una creciente población, altamente escolarizada e informada, que percibe que en estos recursos del conocimiento ancestral, hay epistemologías y metodologías diferentes a las etenocéntricas del Occidente judeo-cristiano, hoy al mando del mundo, que pueden ser eficaces y útiles a grandes conglomerados de población. No solo “otro mundo es posible”, sino que también “otra medicina es posible”.

Es a este sector de la población al que más debe preocupar lo acontecido y estar pendiente de la investigación del caso –necropsia y demás procedimientos– más allá de la momentánea espuma del amarillismo mediático. Pero además, de profundizar e informarse, no solo del debate interno del mundo indígena, que seguramente tendrá que darse entre sus médicos, sus organizaciones, sus abuelos sabedores y demás autoridades, sino del creciente espacio intercultural del sistema de salud, de aquellos que creemos que es posible el “diálogo de saberes” y la complementación de las medicinas: campo promisorio que tiene ya muchos ejemplos para mostrar de intercambio entre médicos indígenas y occidentales y que de manera urgente debe iniciar su sistematización y divulgación para marcar un rumbo.

Si las crisis son oportunidades, esta debe ser aquella pendiente para revisar prácticas y procedimientos de la aplicación de una medicina procedente de una cultura radicalmente diferente a la urbana-industrial-mediática-tecnológica: la de las comunidades indígenas ligadas a la naturaleza y a la madre tierra. Culturas diferentes con creencias predominantes y cosmologías diferentes, con expectativas y ritmos diferentes, en fin, las que en su encuentro deben tener por lo menos protocolos de entendimiento o traducción, procedimientos de adaptación de sus técnicas y recursos.

Hemos insistido en nuestra labor de conocimiento y divulgación que los médicos indígenas no pueden ser ignorados o librados a su suerte, o dejados en manos de brujos y charlatanes urbanos, sino tomados en serio por la medicina convencional, acompañados y comprendidos –desde luego con una actitud equivalente por parte de los médicos indios– para hacer realidad las prácticas complementarias entre las dos medicinas. Estamos convencidos, por las experiencias que ya se han dado, de que el resultado sería de una gran eficacia y marcaría un camino de vanguardia en la investigación y práctica de las disciplinas de la salud humana a nivel mundial.

También en el campo institucional y jurídico se habrán de presentar consecuencias: las regulaciones indígenas autónomas para la salida desde las comunidades de sus recursos médicos y de sus operadores; la inserción de las peculiaridades de la medicina indígena dentro del marco jurídico general que regula la prestación de servicios de salud, y la creación, por consenso, de una nueva juridicidad intercultural que institucionalice los avances del encuentro de las dos medicinas. Lo peor, y más retardatario, sería segregar al mundo indígena y considerar que sus prácticas médicas no pueden salir del espacio geográfico de sus comunidades; sería la peor interpretación de la multiculturalidad, o mejor, su negación, y una pérdida para la riqueza cultural de nuestra nación. Además una evolución totalmente contraria a las tendencias de la globalización y de la “posmodernidad”.

Una reflexión y desarrollo como el que estamos proponiendo sería el inicio de un camino promisorio en el campo de la salud, además de un homenaje a la señora fallecida, quien según el testimonio de su hija murió convencida de que el ritual indígena le ayudaba a acceder de manera tranquila al Misterio de la muerte y a su visión de la Trascendencia.

Bogotá DC, Febrero 28 de 2008.

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